Los sobrinos de García Lorca, más conocidos como “La familia” están consiguiendo poner el foco sobre ellos, sobre su actitud, de gran parte de los españoles. Sus resistencias a exhumar los restos del poeta son extrañas de entender y el perjuicio que con ellas están causando a sus compañeros de fosa aún más difíciles. De ahí a que se disparen los rumores sobre los motivos íntimos, los que no se pueden explicar en la radio, los que pertenecen a ese antro oscuro que son todas las familias, va sólo un paso, un corto, breve y sencillo paso. Los amigos de la teoría conspirativa crecen y alientan la posibilidad que Lorca no esté en esa fosa, no porque nunca estuviera, sino porque tras su muerte alguien lo exhumó y lo llevó a un sitio más honroso. Verosímil. Posible y si fuera verdad, y si la familia lo supiera, difícil de perdonar.
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Los asesinatos hay que esclarecerlos
11 Octubre 2009 · Dejar un comentario
Categorías: Lucha
Etiquetado: España, Lorca, Memoria, Poesía
Bob Doyle
26 Enero 2009 · Dejar un comentario
El día 22 de enero murió el último brigadista irlandés, Bob Doyle, a los 92 años de edad. El 12 de febrero hubiera cumplido un año más, pero su corazón le falló.
Contra los organizadores del olvido
12 Diciembre 2008 · Dejar un comentario

Gelman
Juan Gelman escribe contra “los organizadores del olvido” “El infierno no termina al cerrarse las puertas del campo de concentración” El Ministerio de Cultura español promovió el Primer Encuentro Internacional de Memoria Histórica en la Universidad de Salamanca, la misma donde Miguel de Unamuno enfrentó al dirigente franquista Millán de Astray cuando éste entró a los claustros pistola en mano gritando “Viva la muerte, abajo la inteligencia”. En esa reunión, de la que participaron delegaciones de Chile, Argentina, República Dominicana, Portugal y Alemania, el poeta y columnista de Página/12 fue el encargado de realizar la conferencia inaugural sobre “el imperativo moral de la memoria colectiva”.
Por Juan Gelman
Soy padre de un hijo de 20 años secuestrado, torturado, asesinado en 1976 por la más reciente dictadura militar argentina, que también desapareció sus restos. Fueron hallados, gracias a la infatigable labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, 13 años después. Soy suegro de su esposa, secuestrada cuando tenía 19 años, trasladada de Buenos Aires a Montevideo encinta de ocho meses y medio y asesinada por la dictadura militar uruguaya dos meses después de dar a luz. Sigue desaparecida y su hija fue entregada a un policía de matrimonio estéril. Soy abuelo de una nieta de la que me robaron sus primeros 23 años de vida y que mi mujer, Mara La Madrid, que no es la madre de mis hijos, y yo buscamos y encontramos al cabo de una larga investigación. Nada de esto hubiera sido posible sin el testimonio oral de sobrevivientes uruguayos y argentinos, sin expedientes judiciales y aun militares, sin ese archivo tan particular que es el banco de datos sanguíneos de familiares de desaparecidos del Hospital Durand de Buenos Aires, sin una campaña internacional de denuncia que tuvo la solidaridad de decenas de miles de poetas, escritores, artistas y gente de a pie de 122 países, sin libros, sin documentos, sin Internet, sin videos y, sobre todo, sin la voluntad imperiosa de encontrar la verdad.
