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Oviedo, el centro de la ciudad, es un conglomerado de plazas y plazas alrededor de la catedral. Plazas agradables para el paseo. He tenido la sensación de que Vetusta se mostraba como Clarín la veía, aunque me ha faltado el contacto con los ovetenses para ver si las malas artes que les atribuye en La regenta siguen siendo.
Procesión mínima con dos pasos y muy buena comida que se acompaña estupendamente de sidra natural tirada con maestría por una camarera sudamericana que no parece haber sucumbido a la imposibilidad de la integración.
Demasiadas esculturas con personajes literarios. La visita obligada a San Miguel de Lillo y Santa María del Naranco que te permite no sólo contemplar dos edificios prerrománicos singulares, sino Oviedo desde el aire, remata un paseo por Asturias agradable.
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Getafe y Coslada por aquí cerca, luego Bilbao y San Sebastiásn para rematar dentro de poco en León A Coruña, Pontevedra y Ourense. Me esperan demasiados viajes como para poder escribir cada día, o cada semana. Ya veremos.
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Bilbao es una ciudad amable. Al menos la zona que recoge la hoz de la ria. Mezclada de viejo y nuevo, sorprende que apenas tenga pintadas y tiene un cierto aire de tranquilidad. Luego está el estilo “señorial” de los bilbainos con esa pose de pisar un palmo por encima del suelo. Esta semana me ha tocado visitar no sólo la ciudad sino los pueblos de alrededor y vivir esa mezcla agobiante de industria y casas que hacen de Derio, Zamudio, Mungia, poblaciones perdidas para la belleza.
Las siete calles mantienen la pulsión de una buena comida y de un trato esquisito por parte de camareros o restauradores, como se quiera llamar. Me traigo sobre todo una ventresca de bonito sobre cebolla templada, recubierta con pimientos de cristal y salsa de manzana.
Entré en el Guggenheim y me llevé la sorpresa de encontarme un museo vacío, con no más de quince o veinte personas, así que pude pasear tranquilamente por las esculturas de Serra y disfrutar de la presencia del acero rotundo y de sus naranjas imponentes. Como postre una exposición sobre retratos, luego caminar por la ciudad y perderse, que fue lo que hice, de manera literal. Perderse es una tentación.
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Mañana me voy a Braga en el norte de Portugal, cerca apenas a 40 Km de Porto donde pasaré la noche. Dicen que es en Porto donde la huella inglesa de la que se enorgullecen los portugueses es más patente que en ningún otro sitio y de lo que recuerdo de mi estancia hace tres o cuatro años en la ciudad, es que su puerto sí conserva un aire británico y que la ciudad sin embargo es muy atlántica y algo tristona.
Ya sé que las casualidades no existen, así que cuando esta tarde, hojeando en meneame.net me en encontré con la noticia de que José Saramago había abierto un blog personal pulsé con interés y me encontré un interesante artículo del maestro sobre Lisboa, que termina más o menos así:
“…Lisboa se ha transformado en los últimos años, ha sido capaz de despertar en la conciencia de sus ciudadanos fuerzas renovadas para salir del marasmo en que había caído. En nombre de la modernización se levantaron muros de hormigón sobre piedras antiguas, se transformaron los perfiles de las colinas, se alteraron los panoramas, se modificaron los ángulos de visión. Pero el espíritu de Lisboa sobrevive, es el espíritu que hace eternas las ciudades. Arrebatado por aquel loco amor y aquel divino entusiasmo que habita en los poetas, Camoens escribió un día, hablando de Lisboa, “…ciudad que fácilmente de las otras es princesa”. Perdonémosle la exageración. Basta que Lisboa sea simplemente lo que debe ser: culta, moderna, limpia, organizada –sin perder su alma. Y si todas estas bondades acaban haciendo de ella una reina, pues que lo sea. En la república que somos serán bienvenidas reinas así.“
Me toca la ruta en solitario así que tendré tiempo de pensar y de cantar a voz en grito las canciones que más me gustan y de ver los paisajes, de imaginar que el viaje es sólo de ida y de aburrirme y de querer volver. La soledad es una caja en la que todo resuena más de lo debido.
No creo que os pueda hablar de Braga a la vuelta pues el viaje es rápido y con las horas contadas. Os hablaré entonces de la soledad que es la que ocupará mis horas más grandes.
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Escribir sobre la actualidad produce interés. Matizando, escribir sobre la actualidad publicada produce interés y es por eso que el artículo sobre la corrupción en Coslada ha alcanzado en pocos días el récord de visitas en este humilde diario. A mi me parecen más interesantes otras cosas y sobre todo más agradables para eso que algunos cursis llaman el mundo interior, pero está visto que Internet en gran parte es “información basura” y hay que asumir que de una manera u otra participo del festín. SIguiendo entonces con el asunto he oído a Huélamo decir que el no tiene nada que ver con el asunto y que cree que el resto de alcaldes tampoco se enteraron de nada lo que dicho de otra manera quiere decir que ni a Huélamo ni al resto de alcaldes les importó una higa nada de lo que ocurría en su pueblo. Dicho esto siempre, respetando las palabras de Huélamo, la presunción de inocencia y tres o cuatro asunto más sin los cuales un artículo de pro no tiene el nihil obstat de lo políticamente correcto.
En el otro lado, o en el mismo, vaya usted a saber, está la demolición del PP, su voladura controlada o su reventón descontrolado. Cría cuervos… es el proverbio que mejor pinta lo que pasa. Cuatro años con la boca llena de mierda, a ver ahora quien se la limpia a algunos. Me recuerda a IU, o más atrás al PC cuando empezaron los descartes por falta de izquierdismo, el procedimiento de destilado político termina casi siempre en una organización anoréxica en la que los pocos que quedan desconfían de la pureza de raza del resto. Resulta ahora que Rajoy es un peligro para la unidad de España. ¡Dios mio! y puede que tengan razón, que este gallego metido a presidente de gobierno podría hacer un estropicio inmisericorde. Dice Rato que los gallegos saben soplar y sorber a la vez, será usando el culo, porque me temo que este es con lo que va por delante. ¡Qué lástima! era buen rival para la izquierda.
No sé por qué pero esta mañana me he levantado con la palabra, el nombre de Cafarnaum en la cabeza. He estado soñando mucho y se conoce que me ha pillado el alba con alguna clase de historia religiosa de mi infancia, con el curilla y su mapa de JUDEA señalando todos y cada uno de los pueblos, montes y montículos del lugar. Ahora sólo cabría ver a que lado de la muralla israelita ha caído.
La primavera es siempre veloz, no da respiro y nos lleva del sol al frío sin solución de continuidad. Apenas nos estábamos apiadando de los birmanos, pobres, azotados pora el meteoro y requetecastigados por los déspotas que los oprimen y resulta que en China se revuelven las tripas de la tierra y se traga unas cuantas docenas de miles de personas. Aquí el gobierno también es despótico, aunque homologable y como sabe que le andamos mirando ha puesto su mejor sonrisa para quedar bien ante el mundo en vísperas de la exaltación del músculo y el detrimento del cerebro. Menos mal por los supervivientes que hace 10 años hubieran muerto en medio de la desidia y de la oscuridad oficial.
Clinton no termina de darse por vencida y M. Moore anuncia ya su próxima película que yo dedico en su nombre a E. Lindo que le considera un asco de persona por haberse metido en otra ocasión con el jefe de los rifleros americanos. No he vuelto a leer a la Lindo desde entonces, desde que descubrí que no hay como la edad para convertir a un progre de finales del siglo pasado en un petardo. El amor es así Lindo, efímero: ya no te quiero.
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La plaza del obelisco nos recuerda que una coruñesa llamada María Pita en 1589 y siguiendo el relato popular, defiende la asediada ciudad de La Coruña de las garras del corsario Drake y armada de una lanza mata al alférez inglés arrebatándole la bandera. Heroicidades a parte, La Coruña, A Coruña en el moderno estilo mulicultural español rinde homenaje a gran cantidad de dudosos libertadores y puebla sus fachadas con nombres del alférez provisional, Primo de Rivera, el ejército, los caídos y un sinfín de otros nombres con cierto “old flavour”. Es igual si uno no mira tanto ni con tanto ahínco y se limita a disfrutar como hice yo el otro día de una tarde luminosa, que empezó a los pies del obelisco conmemorativo y que me llevó por la Calle Real primero a un pulpo a la gallega de factura exquisita y más tarde, después de pasar por un pequeño negocio de comestibles donde compré un queso de tetilla y otro que siendo de la misma forma está ahumado, hasta unas almejas a la marinera que me llamaron la atención por su salsa roja en contra de la blanca que me gusta hacer a mí.
Mucha luz y una compañía agradable fueron una combinación estupenda para disfrutar unas horas de una ciudad que da la sensación de ser un gran collage con sus miles de cristalitos en las galerías frente al mar.
Por lo demás Galicia siempre acoge y me recordó por un instante aquella canción de Benedicto.
Os Compañeiros
Alí estaban os compañeiros
ó redor dunha fogueira
que furaba as mouras tebras
cunha roxa lumieira.
Eran moitos os compañeiros
que cantaban con alegría
a cancion sempre esperada,
a canción xa presentida.
Tiñan mans os compañeiros
duras, fortes i encallecidas
de traballar sen sosego
nunha terra chea de vída.
O seu ollar coma unha gota
de auga pura e cristalina
que na noite de xiada
durme nas follas tranquilas.
No seu peito un cargamento
de mil flores encendidas
non levaban de armamento
máis que palabras amigas.
Non falaban do andado
sementado de feridas
preparaban o camiño
cara a terra prometida.
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Me reencuentro con Juan Aldamiz en faceebook y tengo una charla telefónica con Mavi. Es un día curioso, desde Barcelona, más exactamente desde Cerdanyola que recupero contactos y pienso si como pasa al ver esos grandes cuadros del Prado resultará imprescindible tomar distancia para poder comprender la escena entera.
Barcelona está complicada, herida por las obras, sedienta y parece una ballena de esas que han llegado a la playa despistadas y necesita que le devuelvan al mar. El camino hasta Gerona, sin embargo resulta agradable y anuncia cambios, cambios en el paisaje y posiblemente en las personas. Paso por Platja d’Aro y me vienen los recuerdos. Pienso si son cicatriz que al tacto se sensibiliza o herida que sangra. Ripoll queda aun lejos pero es tentador y el destino, en Celrá resulta, como tantas veces, sorprendente, con mucha industria química, mucha actividad, grandes comedores para trabajadores con camareras ecuatorianas, amables, diligentes. Luego retorno al hotel y el refugio de un cine en sesión de tarde con un par de individuos sospechosos, un grupo de culturetas y un matrimonio por toda compañía, para ver una película que resulta interesante y sobre todo entretenida.
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Lo visto no enmienda la sensación de soledad, de aislamiento, pero queda en la retina como experiencia.
La sensación predominante es de aislamiento, de frío, de oscuridad que te empuja a estar en casa, a no salir a la bruma constante. Luego, como no, preciosas construcciones en madera y adobe, cervezas naturales sin apenas alcohol y una forma de acoger que no es cercana pero si amable y desde luego franca. Alemania resulta un país pulcro, organizado, ligeramente anticuado y con un cierto aire demodé. Ciclistas cualquier día, a pesar de la lluvia, placas solares en cada tejado, molinos en las inmensas llanuras y una fábrica a cada paso.
Para la comida, monocultivo con gulash verduras y patatas en variedades, versiones y modelos, pero siempre con el mismo diseño estructural.
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El domingo me voy a Alemania, esta vez a Düsseldorf ciudad de la que leo que tiene una enorme colonia japonesa. No me apetece viajar, y mi compañera Sonia me dice que ella tampoco va animada. Espero poder cambiar el interés una vez en tierras germanas y disfrutar de aquella zona y poderos contar como es, como acoge, como parece.
Por lo pronto mañana estoy en casa y tengo que pensar como hacerme con un rodaballo que hace tiempo cocinaba con cierto arte y que a día de hoy no sé como meterle mano. Cuando el espíritu está en horas bajas nada trascurre con facilidad, es la vida cuesta arriba a contra pelo que comentaba en algún otro artículo.
Me gusta sin embargo, la idea de no estar en España el 20N de “exiliarme” conmemorativamente, de permanecer ajeno a la marabunta nazi que se mueve, mejor, se agita por estas fechas, o dicho con algo más de precisión, por estas fachas. Creo que mañana vendrán Pedro y Maribel y espero poder charlar de sus nuevos trabajos, y de nuestra próxima cena el día 5 de diciembre para celebrar aniversarios y costumbres que nos unen.
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Me olvidaba de Trieste, última ciudad de mi periplo por el norte de Italia y me olvidaba con razón pues la ciudad merece un olvido espeso, como de niebla, un olvido grande y sonoro.
Nota al margen: En Italia hay veces que la pasta es aun peor que la que se come por aquí, mi desaprobación a los penne rigati con pomodoro que comí en Mestre
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En medio de un pequeño país de cuento, Ljubljana es una ciudad de estilo romántico, repleta de gente amable, rubia y que monta en bicicleta. Eslovenia es un paraíso para quienes disfrutamos de la naturaleza, con unos paisajes que no envidian a Austria en su vertiente más septentrional y a cualquier costa mediterránea en su cara sur, lo que les permite tener unos vinos tintos aceptables, y unos blancos muy al gusto de sus vecinos alemanes y austriacos. Me gustó la ciudad, con un cierto aire mediterráneo en sus restaurantes y terrazas a lo largo del río, con sus puestos callejeros, helados blandos, de todos los sabores y una amnesia total y absoluta sobre su pasado yugoslavo. Luego está el gulash excelente y el pollo relleno de espinacas y las ensaladas de col en vinagre y las barbacoas, y el licor de ciruela. Los países pequeños tienen un aire especial, saben que no dependen de si mismos y aprenden a vivir de otra manera.
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Venecia es una ciudad que merece la pena visitar, aunque muy posiblemente por las expectativas que levanta, decepciona un tanto. Tuve la ocasión de conocerla esta semana pasada con dos compañeros que decidimos ver como era la ciudad de noche, y anduvimos tres horas caminando por sus calles abandonadas, sus puentes solitarios y sus canales llenos de barcas aparcadas en las casas de sus vecinos. La visión fue la de una ciudad sin vida, una ciudad escaparate, luego al día siguiente pudimos visitar esos mismo puentes abarrotados por miles de turistas, todos pertrechados de su cámara digital, disparando fotos a todo lo que se mueve y a lo que permanece quieto desde hace siglos. Venecia no se hunde por el empuje del mar, se hunde porque los turistas la están vaciando de luz.
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