Paco al día

El niño escapado (cuento)

16 Noviembre 2009 · Dejar un comentario

Érase un niño un poco travieso el cual estaba jugando en su casa pero por hacer un travesura miró a la ventana y vió una escuela que iba de viaje. El niño se fue de puntillas por los zapatos y se fue con la escuela. El maestro le preguntó que cómo se llamaba y le dijo “Pepito”, bueno, te dejaré ir pero ¿cuántos años tienes? Cuatro, respondió. ¿Y cómo has venido? Pues es que me ha dicho mi madre que bajara a jugar y vine, dijo el niño. Aunque has hecho muy mal, ven, dijo el maestro.

El niño muy contento se fue, pero su madre y su padre le estaban buscando.

El sitio al cual ya habían llegado era El Escorial. En la vuelta a su casa vio que no había nadie pues medio vecindario le estaba buscando. El niño se creyó que estaban echando la siesta pero no estaban durmiendo, el niño se quedó en la calle para jugar pero nadie estaba allí, él subió pero nadie le abrió la puerta de su casa. EL niño creyendo que no le habían oído porque estaban durmiendo, pero no, no estaban durmiendo, estaban buscándole por todas partes, pero nadie le encontraba.

El niño bajó a la calle y se sentó en una roca oyendo cantar a los pájaros. Poco después oye una orquesta formada por un hombre con una chaqueta negra y una batuta y muchos hombres y luego oyó pasos, se volvió y vió a sus padres con una pandilla y su madre le dio un abrazo pero su padre le regañó, Los niños estaban muy contentos por haber encontrado a su amigo. El padre, su madre y él se marcharon. Pero el niño prometió no volverse a escapar.

Pero no, pues fue y al otro día se asomó a la ventana y vio una gran verbena con caballitos, tio-vivo. Bueno, en fin, fue de puntillas cogió los zapatos y se fue, pero se había olvidado el dinero, el niño llegó y se montó en un caballito; llegó la hora de pagar y dijo el cobrador: 20 centavos. El niño respondón: No tengo ¿Y porqué has montado? Por que me gusta, fue y dijo al jefe y el jefe dijo, “Se quedará aquí tocando la sirena”. De comer le daban piel de cerdo y de beber sangre.

Por la tarde le jefe le dio pena y le dijo, ¡vete! El niño muy contento se fue. Luego vio que no le abrían. El niño empezó a llorar. Se oyó el ascensor y vio que abrían la puerta. Eran sus padres, pero debemos saber que su padre se llamaba Pedro y su madre Pepita. Ya no le abrazaron su madre ni su padre le pegó y no lloró él.

1966

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